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El mago del balón

Voy a escribir sobre Óliver. Sobre Óliver Torres. Pido disculpas de antemano si estas líneas meten presión o desestabilizan al chaval, aunque mi condición de "pelagatos mediático" tiene sus ventajas. Puedo "rajar" y "rajar" y volver a "rajar". Al contrario de lo que muchos (demasiados) piensan, es una excelente noticia que un chaval de 17 años sea una de las grandes atracciones de un club tan importante como el Atlético de Madrid.


Foto: golpedirecto.com

Supe de Óliver hace ya un par de años. Su nombre salió a relucir en una de esas deliciosas charlas "futboleras" que de cuando en cuando mantengo con mi compañero Miguel Ángel Montoya, uno de los mejores "canterólogos" de este país. Apunté su nombre en mi agenda y me propuse verlo jugar, cotejar las excelentes referencias que ya tenía del chaval extremeño. Lo vi. Y me enamoré de él. Un "flechazo". Un amor a primera vista.

Este verano, su exhibición con la Selección Española le catapultó a un lugar privilegiado de la repercusión mediática. Aquellos "colchoneros" que no lo conocían gozaron con su fútbol y dispararon su ilusión. Sí, eso es lo que provoca la aparición de un niño que exhibe su talento con la naturalidad que sólo atesoran los genios. Es fantástico que las hinchadas se ilusionen, se emocionen con sus chavales. Me encantó que los aficionados rojiblancos corearan en el Ciudad de Valencia la famosa canción de la serie "Óliver y Benji". Me encanta que la elástica de Óliver Torres sea la quinta (¡¡¡quinta!!!) más comprada por los parroquianos del Atleti.

Óliver Torres ha debutado con el Club Atlético de Madrid. Con el primer equipo. Con los mejores. No estuvo fino, se mostró más impreciso de lo habitual. Este muchacho es tan "fenómeno" que después del partido confesó que no había exhibido su mejor nivel por culpa de los nervios. Autocrítica desde el primer día, una sinceridad que esquivan la mayoría de futbolistas de Primera División.

El club quiere proteger a Óliver, alejarlo de la primera plana, esconderlo. Incluso han solicitado a sus padres que no atiendan las llamadas de los periodistas. Muchos tienen el convencimiento de que esa es la única fórmula para encauzar la progresión de un chaval que comienza a acariciar el fútbol profesional. Quizás refuerce esa idea el hecho de que el periodismo polemice con la visita del chaval a la tienda de Adidas del Bernabéu para recoger unas botas. Es para flipar, sí. Lo del periodismo, digo.

Sin embargo, yo tengo la convicción de que llegar o no, no depende de esa fórmula que algunos consideran mágica. El éxito habita en la cabeza del futbolista. Es como esos padres que piensan que sólo existe una receta para educar a sus hijos. Pues no. A veces sale, a veces no. En ocasiones, el fútbol entierra la progresión de jugadores superlativos simplemente porque su cerebro perdió la senda adecuada. Estoy completamente seguro de que no es el caso de este mago del balón llamado Óliver Torres Muñoz.

Me sorprende la obsesión de algunos por defender que los buenos no deben jugar. La mejor forma de cuidar a un futbolista joven es, si lo merece, ponerlo sobre el campo. No hay mayor justicia que ser justo. Me complace comprobar que el "Cholo" es un tipo valiente, que quiere a Óliver cerca, que le está dando galones, que le ha hecho debutar en un partido oficial fuera de casa con empate en el marcador, que quiere que su perla se acostumbre con naturalidad a los focos y a la presión. La misma naturalidad que demuestra este muchacho de Navalmoral de la Mata que de pequeño era del Barça y que por las noches sueña con poner "patas arriba" el templo rojiblanco. Bien por Simeone. Los buenos, en el campo. Aunque su DNI indique que todavía no puede conducir ni entrar en "garitos" para tomar una bebida espirituosa.

El escándalo no es que Óliver tenga ya presencia en las alineaciones del Atleti. El escándalo fue (y es) que muchos futbolistas hayan lucido la histórica zamarra de rayas rojas y blancas sin tener ni aptitudes ni actitudes para hacerlo. Es mucho más hermoso arriesgar con un chaval que entregar la manija de un equipo histórico a "tuercebotas" que han pasado sin gloria (y con toneladas de pena) por la ribera del Manzanares. Quizás por eso muchos incondicionales del Atlético de Madrid están convencidos de que este mago del balón triunfará en otro club después de que los dirigentes de su club lo malvendan.

La hinchada atlética necesita ilusión. Óliver Torres es ilusión. La posee, la genera y la transmite. Es un futbolista descomunal. Toca y se ofrece. Exhibe el dedo índice de su mano para decirle a su compañero dónde quiere el balón. Juega y hace jugar. Es bueno, por eso hay que ponerlo. No es Aton. Es Torres. Óliver Torres. Otro mago del balón.

Escrito por Carlos Sánchez Blas el 22/08/2012
 
 
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