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Un momento del partido de ida de la semifinales de Champions disputada en el Berbanéu.
(FOTO: RICARDO SAN JUAN) |
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El empacho de clásicos del último mes ha traído más penas que alegrías. Los que esperábamos calidad y lucha entre los dos mejores equipos del momento, nos hemos dado de bruces con la cruda realidad. Todos, repito, todos somos responsables de la duda que lanzó Mourinho. ¿Por qué esta castaña de “partidos del siglo”?
Porque los árbitros han determinado de forma drástica las dos eliminatorias de la semifinal de Champions. La superioridad y mayor creación de juego del Barça queda manchada por una roja de Pepe que no fue y por la esperpéntica falta de codo-cabeza de Ronaldo que no permitió que subiese un gol que hubiese dejado al Madrid a falta de un gol desde el minuto 60 (1-2 sería el marcador). En este sentido, felicitar al señor Undiano Mallenco por su excelente labor en la final de la Copa, diferenciando entre contacto y violencia, y con aciertos tan admirables como el gol anulado a Pedro.
Porque Mourinho ha sido un pésimo estratega. Ha impuesto su gloria individual al peso del escudo que representa. Se ha refugiado en injusticias arbitrales para justificar que salió a defenderse en el partido de ida, en un señor Santiago Bernabeu y con un valor de equipo estimado en 500 millones. Por ser un total impresentable y hacer de Karanka una marioneta articulada de su lamentable juego fuera de los campos.
Porque el Madrid se ha sedado en la frustración arbitral y no ha luchado lo necesario para sacar adelante un compromiso de tales características. Porque la afición del Madrid se ha visto infectada por la cizaña de su míster y su sed de venganza no les ha permitido exigir buen fútbol ni en su casa.
Porque el mejor equipo del mundo se ha apoyado en actitudes que han favorecido las quejas madridistas. Porque unos auténticos campeones del mundo como Pedro y Busquets no han demostrado las maneras tan humildes de las que alardean por los medios.
Por otro lado, no olvidemos que un señor Manchester United está a paso y medio de llegar a una final que parece que no se tiene ni que jugar. Guardiola ha sido el gran campeón de esta semifinal al reconocerse perdedor del partido que no vale para nada, el cruce de declaraciones, y centrarse en el fútbol y en buscar la victoria.
Espero, y espero que ustedes también una final de calidad. En la que se juegue al fútbol, salgan los dos equipos a ganar, y se dejen a un lado el teatro y la violencia.
Por último, en esta extensa entrada quiero criticar lo injustificable. La noticia por la noticia, el jugoso rumor de que estos partidos van a afectar a una señora selección como la española. No dudemos de la profesionalidad de nuestros campeones y si de niñatos se trata, dejemos que el marqués Vicente del Bosque sea el juez en este aspecto.
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