Ni siquiera yo, castellano-manchego de pura cepa, conocedor del fútbol de mi región y admirador de las localidades que consiguen sacar adelante al equipo del pueblo, pensé a principio de año que La Roda tendría mínimas posibilidades de mantener la categoría. Que nadie me pregunte por qué, simplemente no confiaba.

Veintisiete jornadas después, me alegra, sinceramente, tener que mirar la clasificación de la mitad para arriba para encontrar a un club rojillo que ha hecho del Municipal un seguro de vida que quizá les lleve a jugar la Copa del Rey la próxima temporada. Vale que me subo al carro a última hora, pero me gustaría haber preguntado a principio de año a los más fervorosos aficionados rodenses cuál sería la posición del equipo a estas alturas.
Parece que los miguelitos, dulces típicos de la localidad, le han sentado bien a jugadores que llegaron en verano como Sergio Ortiz o Pierrick, que acompañados de otros como Bocanegra, Megías, Espínola y Jesús, todos ellos expertos en el arte del hojaldre y la crema – el año pasado se dieron homenajes, o si no que pregunten en la gaditana San Fernando –, han conseguido, como logros menores, golear al Castilla y al Oviedo, ser más que solventes como locales e incómodos fuera de casa, aunque su rendimiento es menor lejos de Albacete.
Precisamente lejos de su casa pero cerca de la nuestra, por Vallecas, San Sebastián de los Reyes y Leganés tienen que pasar los chicos de Cabezuelo Rojo de aquí a final de ejercicio. Así que se aten los machos unos y otros, necesitados o no, si quieren conseguir sus respectivos objetivos. Y digo esto por si alguno quiere hacer un encargo, a ver si al final, el secreto va a estar en los pasteles. |