-¿Qué pasa, no te gusta verme así? –preguntó a su interlocutor tras observar su semblante cariacontecido-.
El día que Víctor Fernández firmó por el Club Deportivo Leganés aspiraba a que al final de temporada la ciudad estallase en una fiesta que culminase en la Fuente Honda.

Si profundizamos en este ejercicio literario, la Plaza Mayor de la ciudad se hubiese atestado de gente en un estado de embriaguez alto esperando recibir en el balcón del Ayuntamiento al jugador, como había sucedido meses atrás en la presentación del equipo den verano, coincidiendo con las fiestas patronales de Butarque.
Entre la Fuente Honda y la Plaza Mayor de Leganés se encuentra la Plaza de la Inmaculada, donde Víctor vivió su juventud antes de recorrer España maravillándola con esa clase que atesora. Al igual que cuando deja de tocar tu grupo favorito, la afición pepinera pierde a su mejor rockero. El de esa estirpe de talentosos bajitos que hoy maravillan y que algún día echaremos de menos.
Mientras sus compañeros calentaban en su primer entrenamiento como técnico, se acerco a un grupo de balones que estaban ubicados al borde del área y golpeó uno. Preciso con el interior, con rosca y a la escuadra. No pudo evitarlo. Como Serrat cantó de Kubala, “fútbol en colores, bocado de gourmet, encaje de ganchillo, canela fina” la que nos deja.
Víctor ni siquiera ha podido salir de Butarque siendo aplaudido por su familia y amigos como a él le hubiese gustado. En el día de su cumpleaños puso por delante los intereses de la entidad, de su equipo, de ese Leganés al que volvió 22 años con la intención de colocar en 2ª División como colofón a su carrera y que ahora intentará reflotar como capitán de la nave.
Como Neo en la oscarizada Matrix, Víctor decidió tomar la pastilla roja. Casi sin tiempo para pensar una decisión de digestión lenta, tuvo que agarrar el toro por los cuernos y llevarse por delante de un plumazo todos sus recuerdos. No había tiempo. El entrenador había dejado de vestir la equipación azul de entrenamiento de la plantilla para enfundarse la roja del cuerpo técnico.
-Prefiero verte de azul. |