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| López Rodríguez lee su emotivo discurso. (FOTO: ANTONIO FUENTES) |
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Tras una larga y dilatada carrera en el arbitraje madrileño, Carlos López Rodríguez cuelga las botas, aunque seguirá dirigiendo partidos de fútbol base. El colofón a una trayectoria cargada de experiencia y multitud de anécdotas lo han puesto dos grandes eventos.
El más magnificiente, sin duda, fue el de ejercer como juez de línea en el partido que dirigió en el Santiago Bernabeu su amigo Carlos Megía Dávila, con motivo del encuentro amistoso que disputaron los veteranos del Real Madrid y del Bayern de Munich, junto a Rafa Guerrero. El otro acto, menos multitudinario pero más emotivo e inolvidable, fue el homenaje que el pasado miércoles 22 de junio de sus amigos, de aquellos que, como dijo su compañero y amigo Emilio Peral Hernández en el discurso posterior a la cena, “quiso Carlos que estuvieran aquí hoy acompañándole”.
Representantes de clubes, de los diferentes estamentos del fútbol, como entrenadores, árbitros, informadores arbitrales, delegados y de la prensa, todos ellos amigos, quisieron rendir un merecido tributo a un colegiado que se ha distinguido, sobre todo “por ser una persona humilde y honesta”, que fue la frase más pronunciada de la noche.
Una gran persona y un discreto árbitro. Dos afirmaciones no exentas, sobre todo en la segunda parte de la frase, de mucha sorna e ironía, que fueron las más repetidas en una velada en la que todos los asistentes que quisieron hacerlo aportaron su grano de arena con comentarios sobre su experiencia con Carlos.
El momento más emotivo del acto, perfectamente amenizado por la presentación de Juan Carlos Yuste Jiménez, juez de línea madrileño de Primera división e internacional, fue, sin duda, cuando salió a hablar Pablo Megía Dávila, quien confesaba que “quiero que recuerdes, Carlos, hace unas semanas, cuando nos quedamos solos en el césped del Bernabéu y nos dimos un abrazo pensando en lo que estarían pensando nuestros padres, que ya no están con nosotros, si nos vieran aquí”. Fue entonces cuando el silencio en la sala se mezcló con las lágrimas de ambos y dieron paso a un merecido aplauso.
Carlos López Rodríguez deja una buena herencia en su hijo, Mario López Fernández-Montes, que este año ha debutado en Tercera División. Muchos fueron los que elogiaron la labor del joven colegiado, “que apunta maneras. Que tu experiencia sirva, Carlos, para que Mario no incurra en ciertos errores”, afirmó Federico Romero, presidente del Colegio de Árbitros.
Igual de emotivas fueron las palabras de su hijo. “es la persona en quien más me fijo y con quien más me sincero. Es un orgullo que sea mi padre”, arguyó Mario, del que todos coincidieron en afirmar que tiene un gran futuro a pesar de su extrema juventud.
Para finalizar, habló el interfecto, es decir, el propio colegiado objeto del homenaje, quien, emocionado, dio las gracias “a todos los aquí presentes, a los que considero mis amigos. Sé que no he sido el mejor árbitro pero me tengo por una persona muy honesta y humilde. La prueba del cariño y afecto que me tenéis sois todos los que estáis aquí”. Y terminó con una máxima tan conocido como cierta, “mi madre decía una frase muy acertada, quien siembra, recoge”. Pues eso.
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