Unos meses atrás uno de esos empleados del Rayo tan anónimos como indispensables llamó por teléfono a un amigo y le dijo: “Ya no puedo más. Mi familia me ha pedido que lo deje porque ven que me estoy consumiendo. No hay nada que hacer, esto no tiene solución. Pero me da miedo y pena dejar tirado al Rayo”. Ese empleado sigue trabajando en el club. Ni lo dejó ni creo que lo vaya a dejar. En todo lo demás tenía razón. El Rayo es un desastre. El presidente del Rayo es un desastre.

La gestión de Raúl Martín Presa es dantesca. Debería darle vergüenza el aspecto infame que presenta el Estadio de Vallecas. En los baños huele a mierda, rebosa pis de los urinarios y saber que el último rollo de papel higiénico que hubo fue hace décadas es ya el menor de los problemas. Los asientos acumulan porquería e incluso albergan minihuertos con semillas y ramas. Si yo fuera presidente del Rayo, no dormiría por las noches por el bochornoso recibimiento que mi club brinda cada quince días a los fieles del equipo. Ojo, ya al límite de que un día suceda una desgracia irreparable. Poca broma con esto que es extremadamente grave.

El Rayo ha prescindido de un pedagogo querido por todos, pero ha renovado a Rat, en el podio de jugadores más impresentables que han vestido la franja roja. Al Rayo ya no le sirve su fotógrafo pero pagó religiosamente a un venezolano que se mofó de todo y de todos. El Rayo ha tirado varios millones de euros por ese desagüe llamado Oklahoma, una de las mayores estafas en la historia de la entidad. El Rayo permite que a un hincha le quiten en el torno una bandera con las altamente provocadoras siglas ADRV. El Rayo provoca la salida de Juan Pedro Navarro, cuarenta años al servicio del club, cansado de las trabas y barbaridades de Presa. El Rayo no tiene ropa para los chavales de la Fundación. El Rayo no hace los pedidos a tiempo a Kelme. El Rayo convierte en una heroicidad lucir con orgullo la camiseta de tu equipo. El Rayo no cuida ni el marketing, ni la marca, ni la comunicación, ni los valores de las personas del barrio. El Rayo es un desastre. Y sí, escribo Rayo, porque el Rayo es propiedad de Raúl Martín Presa.

El Rayo maltrata a entrenadores y delegados de la cantera. El Rayo esconde destituciones derivadas de denuncias de índole sexual en el seno de la Fundación. El Rayo nombra enlace entre el club y el aficionado a Fernando López, Jefe de Prensa. El presidente del Rayo quiere que Alicia, portera, capitana y leyenda del equipo femenino, sea sancionada por su apoyo público a los que se van. El Rayo no entrega el acta de la Junta de Accionistas porque no le da la gana. El Rayo publica las cuentas cuando le sale de… la calculadora. El Rayo gestiona el restaurante La Franja de aquella manera. El Rayo no tramita a tiempo fichas y contratos para que los nuevos puedan debutar a tiempo con el filial. El Rayo es un desastre cuyo principal responsable es Raúl Martín Presa.

Hace algunos meses brindé a Presa, a través del departamento de prensa, una entrevista sin límite de tiempo (qué temeridad) y con total libertad para el entrevistador de poder hacer las preguntas que él estimara oportunas. La respuesta fue “No”. Con el tiempo me he dado cuenta de que no serviría para nada. Escuché la que le hizo mi compañero Raúl Granado y no hay manera. Son volteretas, culebreos y rodeos. Soy incapaz siquiera atisbar qué piensa el presidente del Rayo de su propia gestión. Qué se le pasa por la cabeza, qué siente, qué nivel de autocrítica alcanza. Es un personaje insondable. No lo conozco y, quizá descuidando mi labor profesional, admito que siempre he procurado mantenerme lejos. Pero es evidente que lo que uno sabe y lo que le cuentan dibujan a un gestor, en la faceta empresarial y en el trato humano, altamente deficiente.

Tras muchas conversaciones y reflexiones personales, tengo muy claro que la única vía para activar el adiós de Presa son las protestas masivas y pacíficas. Dejar el estadio vacío y animar a pleno pulmón desde fuera, censurar con pitos durante varios minutos o manifestarse en la puerta del palco antes y después de cada partido. De manera PACÍFICA. Porque en la vida nada alimenta más la razón que una protesta pacífica. “Ya, pero es que eso afecta al equipo”, dirán algunos. Os aseguro que en ocasiones lo que está en juego es mucho más importante que lo inmediato.

A Presa todo lo demás le da igual. Pasa de todo. De las peñas, de los hinchas, de los empleados, de los detalles, de las camisetas, de los chismes (diría mi abuela) abandonados en cada esquina del estadio. Que el Rayo esté en Segunda es coyuntural. Que las edificaciones materiales y morales de la entidad se vayan por el desagüe es nocivo y dañino para el presente y, sobre todo, para el futuro de un club con casi un siglo de historia.

¿Sabéis lo que le contestó su amigo a ese empleado anónimo? Que se unieran todos los empleados del Rayo y se rebelarán. Que contarían con el apoyo de la masa social y con la difusión del periodismo. No es fácil. Todos tenemos una familia, unas obligaciones y una necesidad de ingresos. Y ya sabéis que en la vida los malos se aprovechan a menudo de los buenos. Buenos que piensan que “no deben dejar tirado al Rayo”.

5 comentarios

  1. Al compañero Vicente Enguita, a los jugadores también les salpica esta penosa situación, ponerse en contra del presidente es cavar su propia tumba, no van a mojarse en este tema aunque sí estoy de acuerdo en que deberían alzar la voz en cuestiones mas generales, como las numerosas restricciones y el mal trato que reciben los aficionados, o la dirección que está tomando el mundo del fútbol profesional… Una pena, ojalá se le pueda dar la vuelta a la tortilla…

  2. Buenas Carlos. Sí. Es muy cierto pero yo creo que hay que contar más cosas. La gestión actual de RMP es un desastre pero también es verdad que a este hombre, desde el primer día, desde el primer momento, se le ha estado arreando sin piedad ( y, antaño, muchas veces sin razón ) porque sí por parte de un sector importante de la afición. Y, dicho esto, hay algo para mí peor. RMP no vive ni come de la afición del Rayo pero los jugadores sí, y el entrenador también. Dónde están sus denuncias públicas sobre el estercolero en el que nos sentamos los aficionados para apoyarles cada 15 días?, dónde están sus peticiones públicas de seguridad para sus aficionados?. Dónde están sus reclamaciones y defensa a los aficionados que no les dejan meter banderas para animarles.? Presa culpable?. Sí. Pero, en mi opinión, jugadores y entrenador cómplices silenciosos de esta vergüenza. Pero a éstos, los periodistas ni los mencionáis. No me parece bien. Saludos y gracias Carlos.

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